Es una tela grande que tapa el foro. Se sube al iniciar la obra de teatro y se baja al finalizar.A veces, cuando la obra está formada por varios actos, se baja al finalizar cada uno de ellos y se abre al reiniciar.En los guiones, la palabra `telón` sirve para indicar que la obra ha terminado y que se deberá bajar el telón.El telón separa a los actores del público mientras está cerrado. Este uso del telón corresponde al teatro moderno, ya que en la antigüedad no se usaba así. El telón cerrado es también útil porque crea expectativa de lo que sucederá al abrirse. Es como esperar una sorpresa.
La envidia (del latín invidia) es aquel sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas.[1] La RAE la ha definido como tristeza o pesar del bien ajeno, o como deseo de algo que no se posee.[2]
PERSONAJES: Claudio y Darío, son hermanos
Mauricio, primo de Claudio y Darío
La obra se desarrolla en un living. Al fondo una ventana bajo la cual, en una mesa pequeña hay un teléfono, tres sillones, un bar. A la izquierda una puerta que da a la calle y a la derecha otra que da al interior de la casa.
Darío recorre la habitación, inquieto, gesticulando.
DARÍO: —¡Increíble! Siempre por algún motivo hay que hacerse problema. ¿Cómo se hará para vivir tranquilo? (se sienta en el sillón más próximo al teléfono y hace un llamado) Hola, sí, ¿Claudio? (pausa) Habla Darío (pausa) No te hagas el idiota que no es gracioso. Venite que quiero hablar con vos (pausa) ¡Venite y listo, che!, no sigas diciendo pavadas. Chau. (Cuelga con brusquedad)
Se levanta, sacude la cabeza, se sirve una copa, murmura y camina nervioso mientras espera. Se oye el sonido del timbre, abre la puerta que da al exterior.
CLAUDIO: —¿Qué tal viejo? (entrando con toda naturalidad y confianza, mientras Darío cierra la puerta se sienta en un silón y apoya los pies en otro) Vamos a ver qué pavada te preocupa hoy. De paso servime una copa a mí también que vengo con la garganta sequita.
DARÍO: —(sirviéndole la copa que pidió) ¡Claro! Para el tipo todo son pavadas. Nada es lo suficientemente serio como para preocuparse, en especial si no es él mismo ¿no?
CLAUDIO: —Bueno, cortála. Dejá de hablar como el viejo y decí de una vez, ¿qué carajo pasa?
DARÍO: —Pasa,… pasa que Mauricio está dado vuelta de nuevo.
CLAUDIO: —¿Qué Mauricio?
DARÍO: —(Indignado) Cómo, ¿qué Mauricio? Estás tan convencido de que no hay que ocuparse de una mierda que ya ni te acordás de que Mauricio, tu primo mayor, tiene problemas?
CLAUDIO: —¡Ah! Mauri, ¿qué pasa ahora con Mauri?
DARÍO: —Ocurre que está totalmente del tomate, dice que va a inaugurar una escuela.
CLAUDIO: —¡Bueno!, entonces no es para tanto, si hablara de un prostíbulo, ¡todavía!, ¿pero una escuela?…
DARÍO: —(Se para, se acerca la ventana y habla mirando hacia fuera) ¡Justamente!, un prostíbulo no me preocuparía tanto tratándose de él (se vuelve de frente a Claudio) pero ¿vos tenés idea de los conocimientos que tiene?, ¿qué estudios cursó?, ¿si terminó alguna carrera?, ¿un profesorado? o ¿algo? Que yo sepa no estudió un carajo. Entonces, (grita) ¿qué mierda de escuela puede abrir? ¡Me querés decir Claudio!
CLAUDIO: —La verdad es que no sé quien está más loco, si vos o Mauricio. (Se pone de pie, camina parsimonioso por la habitación, enciende un cigarrillo) ¿Te pidió guita?, ¿te hizo firmar algo?, ¿qué puede pasar, boludo? Alcanzáme un cenicero, por favor.
DARÍO: —(Le da el cenicero que estaba sobre la mesita del teléfono) Entendé Claudio, no es sólo cuestión de guita y firmas. Se trata de que nos hicimos responsables por él y si a este loco le da por meterse con menores, se arma el quilombo ¿o no?
CLAUDIO. —Tranquilizate. Mauricio estará chapita, pero no es para tanto. Además está medicado y no es ningún pendejo ¿qué edad tendrá ahora?, ¿cuarenta? Si no me equivoco a vos te lleva diez y a mi quince ¿no? Pensalo, es grande… está controlado…, no hagamos boludeces nosotros, che.
DARÍO: —Está bien, pero ponete en mi lugar. Me llama hoy a la mañana y me vomita así, como si nada: ¡felicitame, voy a abrir una escuelita!
CLAUDIO: —¿Y qué le contestaste?
DARÍO: —Nada, le seguí la corriente. Me parece bárbaro, le dije. ¿Ya lo tenés decidido?, le pregunté.
CLAUDIO: —¿Y él?
DARÍO: —(Se sirve nuevamente) Como si nada, entusiasmado me contestó: "tengo todo encaminado mentalmente"; menos mal que lo aclaró porque a mi ya me estaba estallando el bocho.
CLAUDIO: —¿Qué?, "¿mentalmente", te dijo? (Gritando) ¡Vos sos mil veces más pelotudo que él! ¿Hacés semejante quilombo porque el infeliz de Mauricio tiene (recalca) "en mente" abrir una escuela? Estás absolutamente perdido, hermano. Servime otra copa, no te hagas el distraído que de alguna manera tengo que superar este bajón. Dale, que termino el trago y me las tomo.
DARÍO: —Ni lo sueñes, Mauricio debe estar por llegar. Le dije que viniese a esta hora, lo llamé un rato antes que a vos.
CLAUDIO: —¡No me jodas! ¡Q'hijo de mil!
Se bajan las luces. Fin de la primera escena
- - - - - - - - - - -ooo - - - - - - - - - -
ESCENA SEGUNDA
El mismo lugar, Claudio y Darío sentados uno frente al otro.
Suena el timbre
CLAUDIO: —Ahí lo tenés.
DARÍO : —(Va hacia la puerta que da al exterior.) Hola, pasá.
Entra Mauricio, de apariencia soñaradora, mirada perdida.
CLAUDIO: —(Se pone de pie, avanza con los brazos extendidos hacia Mauricio) —¿Qué decís? ¡Tanto tiempo, viejo! (Se estrechan en un abrazo, se palmean la espalda mutuamente)
MAURICIO: —¡Claudito!, ¡si te habré cantado para que te duermas!
CLAUDIO: —Bueno, loco, de eso hace siglos, ya nos vimos bastantes veces desde aquella época ¿no?
MAURICIO: —(nostálgico) Es verdad, pero cada vez que te veo me acuerdo y… (dejando de lado la nostalgia) ¿Te dijo algo tu hermano, che?
CLAUDIO: —(Se sienta en el lugar donde estaba Darío, Mauricio lo hace en frente) Algo me dijo, pero no entendí mucho (cínico) por eso le pedí a Darío que te llamara así nos contás tranquilo y en detalle (Darío lo mira furioso, gesticulando, de pie detrás del asiento de Mauricio) Decime ¿pensás en una escuela secundaria, en algún instituto de idiomas o algo tipo guardería, quizás?
MAURICIO: —¿Estás loco? ¿Quién carajo me va a dar una habilitación para algo así? No, lo mío tiene que ser más modesto, más tranqui. (Claudio mira a Darío desafiante)
DARÍO: —(Se ubica de pie frente a la ventana, a Claudio, burlón) Yo te dije que a Mauri no se le iba a ocurrir ninguna barbaridad de esas. El tipo es razonable, yo siempre aseguré eso, si no, no hubiese aceptado firmar para que saliera del instituto.
CLAUDIO: —¡Bueno, bueno!, pará que firmamos los dos. Además yo sólo estaba preguntando, a mí nunca se me cruzó que Mauricio no fuera razonable; después de todo no estuvo allí por algo grave. ¿No?
MAURICIO: —¡Claro que no era algo grave! Son capaces de encerrar a cualquiera por nada, en mi caso por interrumpir el sermón del cura cuando dijo que el alma sólo puede conocerla Dios.
DARÍO: —¡Vamos boludo, contá! Contá cuál es tu proyecto.
MAURICIO: —(Con aire de suficiencia) Ustedes saben perfectamente que yo soy un ser muy sensible. Durante el tiempo en que estuve internado desarrollé mi capacidad perceptiva en forma más que importante. (Darío y Claudio intercambian miradas significativas) Ocurre que debí ocultarlo porque nadie comprende estas cosas. Si uno tiene lo que yo llamaría "capacidades especiales, no habituales", lo tildan de chiflado. Gracias a que hace bastante que la inquisición en su forma histórica terminó de aplicarse es que no lo acusan a uno de brujería y lo queman en la hoguera, pero Freud y compañía no lograron que los "perceptivos" no corramos riesgos, distintos a la hoguera, pero riesgos al fin…
CLAUDIO: —(Interrumpiendo) ¡Totalmente de acuerdo! Esta es una sociedad hipócrita que no acepta al diferente. (a Darío) Tomemos una copita para matizar, servile a Mauricio.
MAURICIO: —No, gracias.Yo soy un tipo conciente, sé que la medicación que tomo no debe mezclarse con alcohol y no quiero mandarme ninguna cagada.
CLAUDIO: —¿Te das cuenta, boludo?, ¿quién podría acusarte de nada? Pero el mundo está lleno de injusticia.
DARÍO: —(Le sirve a Claudio) Mucho bla bla bla, pero hasta ahora no sabemos que querés hacer.
MAURICIO: —Supongo que tendrás algo sin alcohol. Podrías traerme gaseosa, jugo, agua, ¿no? Servime algo y les cuento.
DARÍO: —(Saliendo por la puerta de la derecha) Ya te traigo, ya te traigo.
CLAUDIO: —(Se pone de pie) Es como vos decís, por ejemplo yo: tengo la capacidad de beber alcohol en cantidades más grandes que la mayoría sin que me haga ningún efecto nocivo. Pero, claro, tengo que reprimirme porque si no me tratan de curda. No saben escabiar, pero opinan.
DARÍO: —(Vuelve con un vaso con gaseosa que le entrega a Mauricio) Tomá, disculpáme que no te ofrecí nada antes, pero estoy tan entusiasmado con tu proyecto que… (se sienta con aire interesado y enciende un cigarrillo).
CLAUDIO: —(A Darío ) Tomá el cenicero. Bueno, Mauricio: somos todo oídos.
MAURICIO: —(Avanza hacia el centro de la habitación) Voy a fundar… ¡Chan Chan Chaaachaaan! (hace bocina con las manos)… ¡La Primera Escuela de "Interpretación de miradas"! (Claudio y Darío se miran con ojos desorbitados y la boca abierta)
DARÍO: —(Se acerca lento por detrás de Mauricio y le rodea los hombros) Vamos a ver, vení, sentate. ¿Cómo es eso de la "Interpretación de miradas"?, suena original.
MAURICIO: —(Sentado junto a Darío) Cualquier ser humano con un mínimo de inteligencia sabe que la mayoría de las veces la gente no se presenta ante los demás como realmente es ¿no?
CLAUDIO: —(Sentándose frente a los otros dos) Absolutamente de acuerdo, hermano, ya te lo decía: la sociedad es hipócrita.
MAURICIO: —(Se pone de pie y camina mientras habla) Bien, dado que casi toda la gente no expresa lo que en realidad siente, por razones varias, convengamos en que no siempe es adrede, con mala intención o por conveniencia, se hace necesario aplicar un método de interpretación de miradas. Ustedes se preguntarán ¿por qué de miradas? (los primos asienten con la cabeza) Porque ya desde la inmensidad de la historia se ha dicho que (con tono declamativo) "La mirada es el espejo del alma", ¿ y qué es el alma sino la escencia de cada persona?
CLAUDIO: —¡Vamos Mauricio todavía!
MAURICIO: —Gracias, continúo: durante mi estadía entre seres que fueron marginados de la sociedad por ser auténticos exponentes de la transparencia, entiéndase locos, pude observar reacciones y actitudes que directamente eran registrables en sus miradas a través de la profundidad, brillo o intensidad. Al alejarme de ese entorno y establecer comparaciones con las personas que actualmente forman mi círculo social logré identificar las respectivas miradas y su significado; lo que pretendo es que otras personas adquieran este saber.
CLAUDIO: —(Aplaude) ¡Fabuloso!, Mauri a vos el loquero te dejó de diez (lo abraza y palmea efusivamente).
DARÍO: —¡Fantástico Mauricio, estamos con vos!
MAURICIO: —¡Gracias muchachos!, yo sabía que podía contar con el apoyo de ustedes. Bueno, me voy, les dejo la inquietud (se dirige a la puerta de salida) .
DARÍO: —(Acompañando a Mauricio) Decinos Mauricio y… ¿qué título les darías a los egresados de tu escuela?
MAURICIO: —(Gira hacia el centro) ¡" EXPERTO EN ALMAS "!
Las luces se bajan. Fin de la Segunda Escena.
- - - - - - - - ooo - - - - - - - - -
ESCENA TERCERA
La misma habitación de las escenas anteriores, a oscuras.
Se oye ruido de llaves en la cerradura. Por la puerta de calle entran Claudio y Darío que enciende la luz ambos están cabizbajos. Usan ropa diferente dando idea de que se trata de otro día. Claudio toma asiento.
.