martes, 6 de marzo de 2012

Terror
Azucena, que estaba sola con sus hijos temiendo que algún espectro pudiera entrar a la casa, amontonó varios muebles contra la puerta. Al día siguiente tres gallinas, uno de los perros y los dos gatos habían desaparecido.
Los animales que se esfumaron. Al fantasma por lo visto, no le gustaban los animales de color blanco. Dionisio que era muy valiente, al día siguiente compró una pala y comenzó a cavar. La finca era grande y avanzaba lentamente.
Entonces pidió ayuda a dos de sus primos y entre todos dieron vuelta el terreno con picos y palas. Los aullidos y las voces se agudizaban por las noches, su mujer quería marcharse con sus hijos, pero el entusiasmo y la valentía de Dionisio por descubrir las riquezas los calmaba por lo menos durante el día. Dionisio sabía también, por las historias que había escuchado hasta entonces que solo una persona debería encontrar el tesoro. La leyenda decía que si más de una persona veía el tesoro, este desaparecería ante sus ojos. Cansados de cavar estaban a punto de abandonar la búsqueda, cuando se les ocurrió mirar hacia unos arbustos. Una luz resplandeciente, mezcla de bruma y sol los envolvía. Los arrancaron rapidamente. Aunque estaban cansados continuaron paleando con entusiasmo. Allí encontraron un envoltorio hecho con sábanas de hilo ajadas y sucias. En su interior había una antigua ollita de hierro con tapa. Y dentro de la ollita un puñado de relucientes monedas españolas de oro.
Dionisio y sus dos primos contemplaron embelezados el hallazgo. No podían creer lo que estaban viendo. Al instante, la ollita y todo su contenido se transformó en carbón esfumándose de su vista. Dionisio haciendo caso a la antigua leyenda, les dijo a sus primos que se marcharan para continuar cavando solo. Esa noche no pudieron dormir. Los fantasmas golpearon las puertas y ventanas, sacudiéndolas con una potencia increíble. Era una fuerza sobrenatural que hacía temblar toda la casa. Al día siguiente, Dionisio tomó la pala y cavó más profundamente en el mismo lugar con la esperanza de encontrar algo más. En el mismo lugar apareció otro envoltorio. Era un baúl de madera envuelto con varias capas de tela. Seguramente sábanas, pero estaban deterioradas por la humedad y el paso del tiempo. El baúl estaba cerrado con un candado de hierro muy oxidado. Dionisio no tardó en quebrarlo con una tenaza. Al abrirlo se desplegó el fruto de tanto esfuerzo. El baúl contenía muchas alhajas. Había collares, diademas, aros y pulseras. Todos de oro antiguo. Muchos engarzados con piedras preciosas de maravillosos colores. Un tesoro de valor incalculable. En esta oportunidad estaba solo. Espero un tiempo para asegurarse que no desaparecería. El tesoro continuó ante su vista sin desaparecer tal cual narra la leyenda. Comunicó la noticia a su familia y a sus primos que alborozados festejaron el hallazgo. Las sombras y los aullidos se retiraron de la casa. Volvieron a aparecer las gallinas, el perro y los dos gatos. Los fantasmas ya no tenían que custodiar su tesoro. No sabemos adonde fueron a parar, seguramente se retiraron a descansar, después de tantos años de vagar en las sombras custodiando su fortuna. Hay infinidad de leyendas cuyo origen está centrado en la guerra del Paraguay. En ese entonces, ante el avance del ejército enemigo, familias enteras debían desplazarse dejando atrás sus propiedades y sus pertenencias. Como no podían llevar todo a cuestas, muchas familias optaban por enterrar sus tesoros en el campo para volver a recuperarlos cuando la guerra hubiera terminado. Estos consistían mayormente en monedas de oro y alhajas con piedras preciosas de altísimo valor. Llevarlos consigo también era un gran riesgo ya que estaban a la merced de rateros y ladrones. Muchos volvieron y desenterraron sus pertenencias, pero muchos otros murieron en la guerra y sus tesoros quedaron ocultos en el campo. Nuevas familias se establecieron y nadie sabía donde estaban ocultos esos tesoros. Pero dicen, que si por la noche se escuchan alaridos, ruidos de cadenas o ves sombras escondidas, es que el alma de los antiguos moradores están custodiando sus tesoros y si buscas bien seguramente encontrarás un tesoro escondido. Fin
No se si algunos de ustedes así como a mi han visto de una manera tan real un objeto volador o algo extraño en el cielo, bien sea una nave, un objeto brillante, una luna gigante, un estrella que se mueve de lado a lado como si estuviera borracha, como un extraterrestre con esa cara arrugada y su arma plana mirándote fijo a los ojos mientras corres temblando y buscando refugio…

Fantàstico
¡Ay! No que pena, eso no es un objeto extraño es la vecina que se asoma con la plancha por la venta cada vez que me oye salir, es como si estuviera enamorada de mi pero un amor de esos que le gustaría acariciarme con la plancha caliente y rascarme con el tenedor de mover el carbón caliente y en fin yo digo que ella tiene algún problema serio, se que en el fondo es buena mujer pero por fuera horrenda…

Continuemos con el tema; hace mucho tiempo cuando yo era muy pequeño me paseaba por las calles de mi barrio, tal como lo hacen los niños de mi edad, eso es cuando tenia 18 años que paseábamos la ciudad – que digo ciudad mejor; el pueblo- tipo 2 de la mañana ebrios como el carajo tratando de sostenernos unos a otros: “jaja, unos a otros si iba solo camino a casa y diría mejor tratándome de sostener de poste en poste que a esa hora era lo único que encontraba en el recorrido”…

Una noche, una de tantas noches, iba camino a casa, no voy a decir si tome mucho o poco, solo se que al otro día me levante con resaca y creyendo fielmente en lo que vi la noche anterior.

Desde ese momento dije que nunca volvería a hacer la marías y ese juego de la servilleta con el anillo… aunque solo fue esperar el fin de semana y otra vez listo para la casa convencido que si hubiera sido efecto del alcohol lo volvería a ver pero no, nunca mas lo volví a ver… yo digo que era un extraterrestre, pues en esta tierra no encuentro mas explicaciones.

Era un animal que tenía un cacho en la frente, y con un solo ojo, tenia cuatro patas, la parte de atrás nunca la alcance a ver ni su color verdadero pues se confundía su contraste con el de la noche oscura, esas noches sin luna.

Yo contaba esa anécdota y los amigos entre trago y trago se reían, y yo sofocado daba un cero de importancia hacia sus risas mirando al cielo, encendiendo un cigarro y preguntándome ¿Que mas incógnitas abran en este universo? ¿Que tantas especies abran por descubrir? o tal vez ¿quienes estarán por descubrirnos?

Así se pasaron algunos días con el tema pero solo a forma de burla hacia mí. Hasta llegaron a mencionar que lo que yo había visto no era más que un perro visto desde atrás.






No hay comentarios:

Publicar un comentario